Foto: Richard AvedonFilosofía en la mazmorra: nota 5
El silencio de los moralistas acerca del sadomasoquismo es sorprendente. Apenas se rastrean algunas menciones a lo largo de la historia, y esas menciones no siempre van acompañadas de reproche. Es evidente que los comportamientos eran conocidos, pero es aun más evidente que no fueron considerados de especial gravedad hasta finales del siglo XIX y, en aquel momento, su interés ya no era moral, sino médico: la primera descripción sistemática del sadismo y del masoquismo se publicó en 1886, en la Psychopathia Sexualis del doctor Richard von Krafft-Ebing (1840 - 1902) y la difusión posterior de esos términos se debe sobre todo al psicoanálisis y nos situa de pleno en el siglo XX.
Como indicábamos en una nota anterior, el estudio del Dr. Richard von Krafft-Ebing es recordado "...por haber enriquecido el catálogo de las "perversiones" con algunos tipos que hoy se consideran clásicos, como el fetechismo, el sadismo o el masoquismo. ...[Y] El hecho mismo de que apenas se disponga de denominaciones tradicionales o de obras clásicas que las identifiquen con cierto detalle ya resulta sospechoso. Krafft-Ebing optó por denominarlas inspirándose en la obra del Marques de Sade (1740-1814) y en la de Leopold von Sacher-Masoch (1836-1895), es decir, en obras relativamente modernas. Y acuñó así dos términos que han hecho fortuna: el sadismo a partir de Sade, y el masoquismo a partir de Sacher-Masoch. Significativamente, fuera del ámbito científico, las personas aficionadas a ese tipo de sexualidad también se han sentido en la necesidad de improvisar un término que designe sus preferencias: el BDSM, que agrega las iniciales de Bondage, Disciplina, Dominació-Sumisión y Sado-Masoquismo... curiosísima solución para una opción erótica: estaríamos ante el primer "pecado" conocido por un acrónimo o, si se prefiere, ante el primer placer bautizado por un médico. Una conclusión òbviamente inaceptable: nada tiene una antigüedad más venerable que nuestra inclinación al pecado.
"Bien es cierto que el conocimiento progresa generando nuevos términos y nuevos conceptos de especificidad y precisión crecientes. En este sentido, la "inmundicia" o la "molicie" de Santo Tomás no son equivalentes a nuestro autoerotismo o a nuestra masturbación, ni los sodomitas son equivalentes a los homosexuales: los nuevos términos suelen reflejar la evolución de los conceptos y de los valores. Pero en el caso del sadomasoquismo cuesta rastrear esa evolución; perece que se haya producido una ruptura léxica que impida remontarse a los orígenes. No sólo falta una denominación tradicional, falta también el marcador más característico cuando se rastrean comportamientos considerados perversos: falta la explicitación del estigma, falta su reiteración enfática. Nuestros cristianos, tan quisquillosos en materia de sexualidad, parecen no haber reconocido lo que hoy denominamos sado-masoquismo, y se ha necesitado la llegada de un médico a la mazmorra para observar el fenómeno y ponerle nombre. Un descuido demasiado abultado para ser verosímil."
El silencio de los moralistas acerca del sadomasoquismo es sorprendente. Apenas se rastrean algunas menciones a lo largo de la historia, y esas menciones no siempre van acompañadas de reproche. Es evidente que los comportamientos eran conocidos, pero es aun más evidente que no fueron considerados de especial gravedad hasta finales del siglo XIX y, en aquel momento, su interés ya no era moral, sino médico: la primera descripción sistemática del sadismo y del masoquismo se publicó en 1886, en la Psychopathia Sexualis del doctor Richard von Krafft-Ebing (1840 - 1902) y la difusión posterior de esos términos se debe sobre todo al psicoanálisis y nos situa de pleno en el siglo XX.
Como indicábamos en una nota anterior, el estudio del Dr. Richard von Krafft-Ebing es recordado "...por haber enriquecido el catálogo de las "perversiones" con algunos tipos que hoy se consideran clásicos, como el fetechismo, el sadismo o el masoquismo. ...[Y] El hecho mismo de que apenas se disponga de denominaciones tradicionales o de obras clásicas que las identifiquen con cierto detalle ya resulta sospechoso. Krafft-Ebing optó por denominarlas inspirándose en la obra del Marques de Sade (1740-1814) y en la de Leopold von Sacher-Masoch (1836-1895), es decir, en obras relativamente modernas. Y acuñó así dos términos que han hecho fortuna: el sadismo a partir de Sade, y el masoquismo a partir de Sacher-Masoch. Significativamente, fuera del ámbito científico, las personas aficionadas a ese tipo de sexualidad también se han sentido en la necesidad de improvisar un término que designe sus preferencias: el BDSM, que agrega las iniciales de Bondage, Disciplina, Dominació-Sumisión y Sado-Masoquismo... curiosísima solución para una opción erótica: estaríamos ante el primer "pecado" conocido por un acrónimo o, si se prefiere, ante el primer placer bautizado por un médico. Una conclusión òbviamente inaceptable: nada tiene una antigüedad más venerable que nuestra inclinación al pecado.
"Bien es cierto que el conocimiento progresa generando nuevos términos y nuevos conceptos de especificidad y precisión crecientes. En este sentido, la "inmundicia" o la "molicie" de Santo Tomás no son equivalentes a nuestro autoerotismo o a nuestra masturbación, ni los sodomitas son equivalentes a los homosexuales: los nuevos términos suelen reflejar la evolución de los conceptos y de los valores. Pero en el caso del sadomasoquismo cuesta rastrear esa evolución; perece que se haya producido una ruptura léxica que impida remontarse a los orígenes. No sólo falta una denominación tradicional, falta también el marcador más característico cuando se rastrean comportamientos considerados perversos: falta la explicitación del estigma, falta su reiteración enfática. Nuestros cristianos, tan quisquillosos en materia de sexualidad, parecen no haber reconocido lo que hoy denominamos sado-masoquismo, y se ha necesitado la llegada de un médico a la mazmorra para observar el fenómeno y ponerle nombre. Un descuido demasiado abultado para ser verosímil."
1 comentarios:
Creo que una de los motivos de este silencio sobre sado-masoquismo se puede deber a que está silenciado (reprimido) en el inconsciente. Pudiera ser que tengamos un pacto tácito en el inconsciente para no hablar del placer que nos da destruir, porque es dificil aceptar nuestra propia crueldad.
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