Aristóteles montado por Phillys. Libro ilustrado de salmos, conocido como Macclesfield Psalter, Inglaterra, East Anglia, aprox. 1330. Hacia finales de la Edad Media se popularizó un relato que acabaría inspirando una iconografía notable de gravados y aguamaniles en los que, Aristóteles, a cuatro patas, aparece montado por Phyllis, una amante de Alejandro el Magno, que conduce al filósofo con brida y fusta. Nada nos permite suponer que esa imagen esté inspirada en la vida de Aristóteles. Se basa en un cuentecillo ejemplarizante, tal vez de origen árabe, escrito en francés a comienzos del siglo XIII en la corte anglonormanda, y que no está destinado a reprochar los juegos eróticos de sumisión, sino a advertir contra la capacidad de seducción de las mujeres, destacando la fuerza de la juventud contra la experiencia, la belleza contra el conocimiento.
La versión más antigua del relato se encuentra en una lay, una narración satírica, en verso. La "Lai d'Aristote" escrita probablemente por Henri de Valenciennes (aunque ha sido atribuida a otros autores). En esa versión, Aristóteles acompaña a los ejércitos de Alejandro hasta la India, donde éste tiene amores apasionados con una mujer, Phyllis, que le distraen de las tareas de gobierno. Sus generales se inqueitan y piden a Arsitóteles que intervenga para hacerle volver a sus obligaciones. En un primer momento lo consigue, pero después Alejandro regresa con su amante. Y al saber lo que ha sucedido, ella le propone poner a prueba al filósofo: lo seduce bailando al pie de su ventana y luego le exige que se deje montar como una caballo, guiándolo hacia donde está Alejandro. Cuando éste los ve y reprocha la conducta de su maestro, Aristóteles contesta que si Phyllis ha sabido someter a un viejo estudioso como él, que no podrá hacer con un joven soldado. Alejandro, complacido con la respuesta se reconcilia con Aristóteles y sigue con su amiga.
Un final feliz que no debió gustar a todos porque uno de los energúmenos que participaron en la cruzada contra los cátaros, Jaques de Vitry, posteriormente obispo de Acre y luego cardenal, transformó ese relato desenfadado en munición para sermones. En su versión, la amante era esposa legítima -nada de folgar en pecado- pero naturalmente malvada; el juego era un acto de infidelidad, Aristóteles una víctima, y no había más enseñanza que prepararse para morir. Y aquí no importa tanto la brutalidad y el mal gusto de ese clérigo, como los asuntos que entonces consideró moralmente relevantes: la necesidad del matrimonio y el peligro de la sexualidad femenina. Los juego de sumisión resultaban tal vez grotescos pero no amenazantes, servían para ilustrar una burla pero no representaban el mal.
(Una buena selección de imágenes y un buen artículo sobre Aristóteles y Filis puede encontrarse en Jorge Ledo, con vínculos a otras notas de interés)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada